La ruta del aventurero
La ruta del aventurero —Venimos de Grecia, después de haber tocado en Nápoles —contestó el hombre alto y rozagante.
—¿Son ustedes españoles?
—No; somos ingleses.
—¿Qué hacÃan ustedes en Grecia?
—Éramos comerciantes. Los turcos saquearon la ciudad donde vivÃamos y tuvimos que escapar.
—¿Y por qué los han desembarcado?
—Es que nuestro compañero se encuentra enfermo y querÃa a toda costa dejar el barco.
Un sargento que acompañaba al oficial se acercó a él y le dijo en voz baja:
—No vayan a tener la peste.
El oficial dio unos pasos atrás. La frase y el movimiento no pasaron inadvertidos para la gente, que al momento ensanchó el cÃrculo que rodeaba a los tres hombres.
El oficial habló con mucha reserva con el sargento y dijo después dirigiéndose a los sospechosos:
—No pueden ustedes entrar en el pueblo.
—¿Por qué? —preguntó el hombre alto.
—Porque tienen que ir al lazareto en observación.
Los desconocidos se miraron unos a otros.
—¿No habrá un mozo o una caballerÃa para llevar nuestro equipaje? —preguntó el elegante pequeño y rubio con voz seca—. Se le pagará lo que sea.