La ruta del aventurero
La ruta del aventurero —¡Qué gente! Se tienen que meter en todo; ya se creen otra vez los amos de España.
Al salir del camino de Trebujena y desembocar en la carretera que va de Jerez de la Frontera a Lebrija, se acercó a nosotros un escuadrón de caballería española. Iban diez o doce jefes, entre ellos un edecán francés, escoltando a un general.
El general era un hombre ya viejo, de cara correcta, patillas blancas, ojos claros y aspecto malhumorado.
Uno de los jefes del escuadrón se paró a preguntar al sargento quién era yo, y el sargento preguntó a su vez a un soldado quién era el general que escoltaban, a lo que contestó diciendo que era don Francisco Ballesteros, un militar de los liberales exaltados que acababa de capitular de una manera más que sospechosa.
Al anochecer llegamos a Lebrija, y el sargento y yo fuimos enviados a casa de un labrador rico, de ideas liberales, que nos trató muy bien.