La ruta del aventurero

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V

EL FRAILE

EL segundo día de mi prisión en la torre no vinieron la señora Landon y su sobrina; en cambio, tuve la visita del canónigo Molinedo y del Capitán Iscar. Por lo que dijo el canónigo no quedaban ya presos en el Salón de Cortes, excepto unos milicianos, a los cuales querían trasladar a otro pueblo. El rey iba a llegar a Sevilla, y los realistas habían pensado, como un número de festejos para agasajar a Fernando VII, hacer una degollina de negros; y el subdelegado de policía, siempre paternal con los liberales, se disponía a ir sacando de Sevilla a los más calificados y llevarlos a otra parte. Molinedo e Iscar saldrían al día siguiente.

El absurdo seguía; persistía el régimen mixto de severidad y de benevolencia. Se fusilaba a las personas más inocentes y se dejaba libres a las más comprometidas.

El Capitán Iscar me dijo:

—¿Sabe usted aquel hombre bajito y rubio, algo bizco, que estuvo vigilándole a usted por orden del alcaide?

—Sí. ¿Qué le ha ocurrido?

—Que se ha escapado.

—Pero ¿no era un vigilante de la cárcel?

—¡Ca! Es un conspirador.

Iscar me contó cómo había engañado a los carceleros.


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