La ruta del aventurero

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VIII

DILEMA

LOS días siguientes fui presentado a los amigos como sobrino de la señora Landon, y llegó esta señora a estar tan en su papel de tía, que me acusaba de holgazán y vagabundo, como si me conociera a fondo.

Aunque lo pasaba bien, me aburría sin salir; tenía grandes conversaciones con Mercedes, a quien llamaba mi prima, en broma. Le conté mi vida sin ocultarle nada, y ella me habló de su novio, un muchacho de Sevilla, que estaba en el ejército, por quien sentía la señora Landon un gran odio.

Un día, la señora Landon me llamó a su gabinete, y me dijo:

—Habla usted bastante con mi sobrina Mercedes.

—Sí.

—Mi sobrina que, como habrá usted notado, es bastante coqueta, tiene una bonita renta, y le convendría a usted, que es un vagabundo sin un cuarto.

—Ciertamente que me convendría —le dije—; pero como yo, aunque sea un vagabundo, no soy un granuja, ni siquiera un ambicioso, no tengo pretensiones con respecto a ella. No. Conozco mi situación.

—No me entiende usted —dijo la señora Landon—. No me parece mal que se dirija usted a ella.

—Pero hay un inconveniente, señora.

—¿Cuál?

—Que ella tiene un novio.


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