La ruta del aventurero
La ruta del aventurero —SÃ; un miserable botarate, raquÃtico, inútil para todo.
—Pero ella le quiere.
—Pues piense usted que no le quiere. En fin, ya sabe usted. Si usted consigue que Mercedes olvide a ese mico, usted aquà será el amo; si no, ya se puede usted marchar de esta casa cuanto antes. Ocho dÃas le doy de plazo.
Tuve una conferencia con Mercedes, y le dije lo que me habÃa expuesto la señora Landon. Me ha dado ocho dÃas para hacer su conquista. Como yo no me siento ningún Don Juan, me voy a marchar.
Ella me dijo que no me fuera; pero como el dilema era irme o casarme con ella, Merceditas optó por que me marchase.
—¿Tiene usted dinero? —me dijo.
—No.
—Yo no tengo más que dos monedas de cinco duros, que se las ofrezco.
—No; no quiero.
—Las tendrá usted que tomar.
—Bueno; las tomaré.
—¿Y cuándo se va usted?
—Mañana mismo. Llevaré de la biblioteca este libro de Historia Natural, de William Bowles.
—SÃ, sÃ; puede usted llevárselos todos, si quiere.