La ruta del aventurero
La ruta del aventurero —Este es Paquito, nuestro patrón —me dijeron—, el amo de la red de la que ha tenido usted que tirar esta mañana, y de los botes.
—¿El no suele estar allá?
—No; él tiene dos barcas, una grande, con la que hace el contrabando, que se llama el Lince, y otra más pequeña, la Consolación.
Al mismo tiempo el dueño de las barcas y el viejo que le acompañaba debÃan hablar de mÃ. Paquito llamó a uno de los muchachos que estaban en mi mesa, que después se me acercó.
—El patrón —me dijo— quiere hablar con usted.
Me levanté y fui a su mesa.
—Siéntese usted —me dijo Paquito— y tome usted lo que quiera.
Me senté y pedà una taza de café.
Era el patrón un hombre de unos treinta años, delgado, seco, curtido por el sol y el aire del mar, con los ojos brillantes y el bigote negro.
—¿Es usted inglés? —me preguntó de pronto.
—SÃ, señor.
—Me han contado que ha estado usted esta tarde tirando del copo.
—Es verdad.
—¿Ha sido por capricho?