La ruta del aventurero
La ruta del aventurero —No. Por ganar unos cuartos para comer. Se me ha concluido el dinero que traía…
—Eso está bien. Puede uno ser más caballero que el verbo divino y tener las manos callosas del trabajo… ¿Viene usted de Gibraltar?
—No; vengo por Francia.
—¿Y, oiga usted, ha venido usted a España por pasear nada más?
—No.
Y en seguida eché mano del mito Cox y lo desarrollé ante los ojos del patrón.
—¿Le ha gustado a usted España?
—Mucho. Es un país por el que tengo gran simpatía.
—Chóquela usted. No le falta a usted más que una cosa para tenerme de su parte.
—¿Y es?
—El ser liberal.
—Pues lo soy.
—Es usted de los míos. ¿Cómo se llama usted, señor inglés?
—Yo, Thompson.
—Bueno, señor Thompson, aquí tiene usted un amigo.
—Muchas gracias.
—¿Qué necesita usted por el momento?