La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Los dos hombres del lazareto recorrieron la playa. Encontraron lejos de la casa un trozo de terreno firme, de arena petrificada, al pie de un acantilado, y allà decidieron cavar la fosa. Hicieron un hoyo profundo y, terminado este, volvieron al lazareto. Después vistieron el cadáver, lo metieron en el bote y se acercaron al lugar escogido. Tomaron el muerto entre los dos sobre una escalera, cruzaron la playa y dejaron el cadáver en la fosa. El hombre alto sacó del bolsillo una Biblia y comenzó a leer versÃculos en inglés; el otro le escuchaba atento. Este, de cuando en cuando, echaba un montón de arena en la fosa y después quedaba inmóvil, apoyado en el mango de la pala. Hecha la obra, los dos hombres volvieron al bote, y mientras remaban hablaron.
El alto y grande atendÃa y respetaba al pequeño, a quien consideraba como Capitán. Este llamaba a su compañero por su apellido: Thompson.
—Amigo Thompson —dijo el Capitán—, desde este momento cambio de nombre y de personalidad.
—¿Cómo?
—Voy a tomar mientras esté aquà el nombre del pobre Mac-Clair, que hemos enterrado. Llevo pasaporte de súbdito inglés con mi verdadero nombre, pero prefiero usar el de Mac-Clair.
—Pero usted no sabe inglés, Capitán.