La ruta del aventurero

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V

EL TENIENTE EGUAGUIRRE

AL instalarse en la fonda, el Capitán dijo a la dueña que pensaba estar pocos días; esperaba un barco para marcharse a Francia. Thompson aseguró que él también se dirigiría a Gibraltar cuanto antes.

La fonda de la Marina, en donde se instalaron ambos, era bastante cómoda y limpia. Los cuartos que les destinaron daban a un ancho balcón corrido, que caía hacia un huerto.

Desde este balcón se veía, delante, el castillo sobre los glacis, con sus cubos y murallones, bañados por el sol, que los iluminaba, según las horas, con luz diferente.

Thompson comenzó a pintar acuarelas, poniendo por fondo las ruinas del castillo.

Ocupaba la fortaleza todo el horizonte. Comenzaba por un torreón de piedra rojiza, cuadrado, con matacanes en la parte alta y saeteras estrechas y ventanas enrejadas en la baja.

El sol poniente solía dorar esta torre al caer de la tarde, y le daba un color de miel.

El torreón se unía con lienzos de paredes amarillentas, almenadas, con otra torre que se prolongaba hasta el mar, dejando cubos y baluartes y cortinas de piedra entre ellos. A un nivel más bajo, rodeando la fortaleza, había una muralla blanca, moderna, con garitas redondas y troneras que limitaba el camino de ronda.


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