La ruta del aventurero
La ruta del aventurero EL MIRADOR DEL CASTILLO
UN dÃa, Eguaguirre dijo a sus nuevos amigos, el Capitán y Thompson, que la coronela querÃa conocerlos y que les invitaba a tomar el té en el mirador del castillo. Aceptaron los dos invitados con satisfacción.
Por la tarde, Eguaguirre, Thompson y el Capitán montaban a caballo delante de la fonda de la Marina, entraban por la puerta de Tierra y subÃan las cuestas de la ciudadela.
Thompson, a cada paso se paraba, admirado, entusiasmado, a contemplar el paisaje. El dÃa era de viento sur, luminoso y sofocante; una languidez pesada parecÃa desprenderse del cielo, azul oscuro, y del mar, verde e inmóvil.
—¡Qué vista más espléndida! —exclamaba el inglés, sacando el pañuelo para enjugarse la cara.
El Capitán sonreÃa, y Eguaguirre, con cierta impaciencia, murmuraba:
—La señora de Hervés nos espera. No lleguemos tarde.
En pocos minutos subieron a la parte alta del castillo; pasaron por delante de una casamata, a cuya entrada se veÃan unos cuantos soldados; Eguaguirre llamó a uno, le entregó las riendas y bajó del caballo.
