La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Thompson y el Capitán hicieron lo mismo, y se acercaron los tres al pabellón donde vivÃa el coronel; llamó Eguaguirre, y le pasaron por un patio hasta el jardÃn del mirador.
La señora de Hervés les salió al encuentro, y Eguaguirre hizo las presentaciones.
Era la coronela una mujer de mediana estatura, más bien baja que alta, los ojos negros, el pelo rubio castaño, la boca de almendra, el cuello redondo y las manos muy pequeñas.
—¿Esta señorita es la hija del coronel? —preguntó el Capitán, aunque sabÃa que no lo era.
—No; es la coronela auténtica —repuso Eguaguirre.
—No me llame usted coronela, ¡por Dios! —dijo ella.
—Es para convencer a este amigo de que no es usted una supuesta hija del coronel.
—Este señor es muy galante.
—No; de verdad que parece usted una muchachita soltera —replicó el Capitán—, y hace usted muy bien al protestar de que la llamen coronela, porque esta palabra parece que ha de referirse siempre a alguna señora vieja y avinagrada.