La ruta del aventurero

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Thompson cambió unas palabras con Kitty; le pidió después permiso para contemplar las vistas desde el mirador y desde la batería del Rey. Kitty le acompañó, señalándole los pueblos y los montes que se veían a lo lejos. Thompson miraba el paisaje con exclamaciones de entusiasmo.

Eguaguirre y el Capitán hablaban. El jardín aquel era pequeño y tupido. Los rosales y los mirtos estaban cuajados de flor, y en las manchas verdes de follaje de las enredaderas brillaban las campanillas blancas, rojas y moradas. En un extremo del jardín se levantaba el castillejo o castellet, antigua torre del homenaje, desde donde se dominaban los alrededores casi a vista de pájaro, como desde un globo.

Recorrieron Thompson y Kitty los rincones de la batería, y descendieron por una escalerilla de piedra al jardín, a reunirse con el Capitán y Eguaguirre. Se sentaron en unas butacas de mimbre y charlaron los cuatro.

Kitty era hija de un militar inglés y de una señora alavesa, de Vitoria. Había quedado huérfana muy joven y se había casado con el coronel Hervés, que le llevaba más de treinta años de edad.


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