La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Después de un largo rato de conversación, Kitty les invitó a subir a una galerÃa abierta que daba al jardÃn, por unas gradas. Esta galerÃa tenÃa unos arcos. En ella, un criado estaba preparando un refrigerio. El Capitán y Eguaguirre tomaron café, y Kitty y Thompson, té.
Desde la galerÃa, a través de los cristales, se veÃa el cuarto de trabajo de la coronela. Kitty les hizo pasar a sus invitados para verlo. TenÃa una pequeña biblioteca, un piano y un arpa, y cuadernos de música clásica y de canciones populares inglesas.
Los entusiasmos literarios de Kitty eran Walter Scott, lord Byron y Shelley. SentÃa un gran entusiasmo por Diana Vernan, la heroÃna de Rob Roy, a quien confesaba habÃa querido imitar. También tenÃa en la biblioteca obras de Sterne, Fielding y Goethe.
El Capitán miró todos los libros, las estampas y un retrato de mujer pintado al óleo.
—¿Quién es? ¿Quizá su madre? —preguntó.
—SÃ.
—¿Vive?
—No. Murió cuando yo nacÃ. No la he conocido.
—A juzgar por el retrato, debÃa ser una mujer encantadora.
—Todos los que la conocieron hablan de ella con entusiasmo.
Kitty quedó melancólica.