La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Daban a la canción una gran malicia y desenvoltura que ocultaba, sobre todo en ella, su entusiasmo amoroso. No había necesidad de ser muy psicólogo oyéndolos a los dos para comprender que había entre ellos algo más que una efusión artística.
Era lástima viéndolos tan bellos el pensar que sólo saltando por encima de las leyes y afrontando el desprecio de la multitud podían llegar a unirse.
¿Habrían dado el salto? —pensó el Capitán—. Todo hacía creer que Eguaguirre no era de los hombres que sienten temor a coger las flores al borde del precipicio.
Después del concierto y del canto charlaron largamente. El Capitán había conocido a lord Byron, por quien Kitty tenía gran admiración, y contó sus entrevistas con el noble poeta. También había conocido a la amazona realista Josefina Comerford, y esta dama interesaba de tal manera a Kitty, que el Capitán tuvo que describirla con gran lujo de detalles.
Al anochecer, se presentó en la galería el coronel Hervés, el marido de Kitty.
Era un hombre viejo, opaco, frío, con una amabilidad desdeñosa y una manera de hablar balbuceante, de paralítico.