La ruta del aventurero
La ruta del aventurero Kitty presentó al Capitán y a Thompson, y el coronel, tomándole a este por su cuenta, se puso a explicarle un sinfÃn de menudencias burocráticas que a él, sin duda, le parecÃan importantÃsimas.
Hablaba de una manera fatigosa y pesada:
—En estas cuestiones, ¡ejem!…, hay que atenerse a la parte ex… po… si… ti… va, ¡ejem!…, como a la dis… po… si… ti… va, ¡ejem!, ¿usted me comprende? Porque si usted no se fija más que en la parte dis… po… si… ti… va, ¡ejem!, ¡ejem!, no podrá comprender el sentido claro y preciso que el legislador, ¡ejem!, ¡ejem!, ha querido dar a la ley…, ¡ejem!, ¡ejem!
Thompson soportó lo más amablemente los ¡ejem!, ¡ejem!, y las explicaciones pesadÃsimas del coronel; Kitty mientras tanto sonreÃa con aire de excesiva amabilidad, y Eguaguirre, con su aspecto habitual de tedio y de desesperanza, miraba hacia el mar.
Era ya de noche. Los contertulios se despidieron del coronel y de su señora y montaron a caballo.
La noche estaba espléndida. Thompson fue mostrando la Osa Mayor y Arturus, la Estrella Polar, la Corona Boreal, Casiopea, en medio de la VÃa Láctea, y los grandes astros, como Capella, Altair y Aldebarán…
El mar murmuraba allá abajo y se oÃa el rÃtmico batir de sus olas.