La ruta del aventurero

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Entre los oficiales de la guarnición de Ondara había individuos de estos diversos orígenes. En un pueblo de escasa población y sin vida política no era fácil que las divergencias ideológicas de militares y paisanos se hicieran más intensas, y, efectivamente, allí se amortiguaban; en cambio, las categorías sociales se acusaban y se llegaban a aquilatar los más ligeros matices de riqueza, distinción y superioridad.

Kitty había querido influir y suavizar estas diferencias en su tertulia del jardín del Mirador.

Al principio iban muchos oficiales de la guarnición; luego comenzaron a faltar y, al último, quedaron una media docena.

De las señoras nunca fueron más que dos o tres.

Sabido es, y ya lo demostró un fraile en un librito publicado a fines del siglo XVIII, titulado Los peligros de las tertulias, que estas reuniones tienen muchos agarraderos para las uñas del Diablo.

Las señoras de Ondara, como la señora doña Proba, que aparece en el librito del fraile, creían muy peligrosas las tertulias de Kitty, y no iban.

De los hombres, uno de los más asiduos era don Jesús Martín, el médico del regimiento, hombre grueso, lento en el hablar, muy gráfico y exacto. Don Jesús era el más entusiasta de los contertulios de Kitty, un adorador incondicional de su inteligencia y de su gracia.


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