Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia HISTORIA DE LA «BELLA VIZCAÍNA»
El primer sábado del curso, por la tarde, don Ciríaco se presentó en mi casa, en San Fernando, y me dijo:
Vente a dormir al barco. Mañana tenemos que ir a Cádiz. Te voy a presentar en casa de Cepeda. Lleva el traje nuevo.
El señor don Matías Cepeda era el socio principal de la Sociedad naviera Vasco-Andaluza, Cepeda y Compañía, propietaria de la fragata que mandaba don Ciríaco y de otros muchos buques.
Fuimos al barco, dormí yo en mi camarote y por la mañana me despertaron dos golpes en la puerta.
—¡Eh, Shanti! —me dijo don Ciríaco—, ya es hora. Duermes como un lirón.
Me levanté, me vestí y me acicalé todo lo posible. Los marineros de la fragata, vestidos de día de fiesta, nos esperaban en el bote; entramos don Ciríaco y yo, y nos dirigimos al puerto de Cádiz. En el camino mi capitán me explicó en vascuence que la visita la hacíamos principalmente a la señora de Cepeda, una vascongada, paisana nuestra, casada primero con Fermín Menchaca y después con don Matías Cepeda, un almacenista, socio del primer marido.
Desembarcamos en el muelle, pasamos la puerta del Mar y seguimos por una calle próxima a la muralla.
