Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —No, no; el buen timonel no tiene necesidad de eso.
Los consejos de don Ciríaco hicieron que no acudiese con frecuencia a casa de Hortensia. Mi asunto marchaba bien. Antes de un mes podría ver en la calle de la Aduana este letrero:
COMPAÑÍA VASCO-ANDALUZA
El día 5 de enero saldrá para las Canarias,
Cabo Verde, el Cabo de Buena Esperanza
y Manila la fragata La Bella Vizcaína al
mando del capitán don Santiago de Andía.
Los días que me quedaban de Cádiz pensé aprovecharlos. Me empezaba a encontrar bien allí; llevaba una vida ligera y alegre. Paseaba mucho, me encantaba el pueblo, sus plazas alegres, sus calles rectas; contemplaba las casas blancas de miradores enormes, las iglesias también blancas, y recorría la muralla al ponerse el sol[113].
Una tarde, al anochecer, al ir a entrar a la fonda, pasó por delante de mí la criada vieja de casa de doña Hortensia, la señora Presentación, y me dio una carta. Era de Dolorcitas. Me citaba para las diez de la noche; tenía que hablar conmigo. Me esperaría en la reja. Vivía en la calle de los Doblones, cerca de la Aduana. Toda mi ecuanimidad se vino abajo desde aquel momento.