Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia El corazón me golpeaba en el pecho como un martillo de fragua; creà que me caÃa. Apareció ella y extendió la mano. Yo la cogà entre las mÃas. Estaba tan emocionado que no podÃa decir nada.
Dolores, de pronto, rápidamente, me dijo que se habÃa casado y que era muy desgraciada. HabÃa comprobado que su marido, el marqués, era el amante de su madre, y ella querÃa vivir conmigo y abandonar Cádiz.
Yo quedé asombrado, perplejo, sin saber qué contestar. El Morito me sacó del apuro, porque se acercó a decirme que venÃa alguien por la acera. Pasó el transeúnte y seguimos hablando Dolores y yo.
Al dÃa siguiente me esperarÃa en una casa próxima, que tenÃa una puerta a otra calle, por donde yo entrarÃa.
Se cerró la persiana, le avisé al Morito que nos Ãbamos y me fui a la fonda. No pude dormir en toda la noche. Realmente yo no estaba enamorado, porque discurrÃa frÃamente, con tranquilidad completa. VeÃa que me jugaba mi porvenir. Mis relaciones con Dolores se averiguarÃan en seguida, por muchas precauciones que tomáramos, y don MatÃas me echarÃa a la calle en cuanto se enterara. A veces se me ocurrÃa la idea de marcharme al barco y encerrarme allÃ; pero me parecÃa vergonzoso.