Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Nissen recordó que el doctor Cornelius tenÃa guardado en su armario un alambique[213]. Nos sobraba el alcohol, y podÃamos destilar el agua de mar que se quisiera. Preparamos el alambique y le hicimos funcionar. Destilaba perfectamente. La cuestión del agua estaba resuelta.
El portugués Silva volvió a intimidarnos para que nos rindiéramos. QuerÃa, sobre todo, los cofres de Zaldumbide. El teniente contestó que podÃamos atacarlos y vencerlos, porque estábamos bien armados; pero no querÃa hacer una carnicerÃa inútil, y que, si nos desembarcaban en cualquier punto, nosotros nos irÃamos, dejando el tesoro de Zaldumbide.
Poco después, el cocinero Ryp vino con la misma proposición; también querÃa las cajas de Zaldumbide. Cuando supo que el portugués tenÃa la misma pretensión, le entró una cólera terrible, y juró que le habÃa de calentar las orejas al intérprete.
Por la noche del segundo dÃa debió cambiar el tiempo, porque el barco empezó a navegar, dando tumbos, y comenzó a llover.
Se oÃa el ruido de la lluvia, que azotaba y repiqueteaba en la toldilla. Era una de esas lluvias de los trópicos, abundantes y densas. El teniente mandó a un marinero que avisara al contramaestre, y, cuando vino éste, le dijo lo que tenÃa que hacer para llenar el aljibe con el agua de la lluvia.