Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —Esperad un momento.
Desperté a Tristán, que se echó de la hamaca y que mandó abrir inmediatamente. Por lo que contó Old Sam, portugueses y holandeses, sintiendo renacer sus odios, se batÃan a palos y a cuchilladas en la cubierta. Después de una lucha en que quedaron en el campo varios combatientes, los holandeses, más en número, habÃan hecho meterse en el castillo de proa a los enemigos.
Era el momento oportuno de apoderarse de nuevo del barco.
—¿Y los chinos? —preguntó Tristán.
—Los chinos han encontrado los barriles de opio y están en la cubierta borrachos, como muertos la mayorÃa —contestó el contramaestre.
Tristán hizo que se trajeran tres rifles más para Old Sam, Allen y el joven grumete, y, a la luz de una linterna que llevaba Tommy, nos lanzamos los nueve a pacificar el barco. Toda la parte de la cubierta entre el alcázar de popa y el castillo de proa estaba llena de celestes, revueltos unos con otros. La chimenea de la cocina en aquel momento echaba chispas que subÃan destacándose sobre las velas. Supusimos que al cocinero lo encontrarÃamos en su garita entre sus cacerolas, y, efectivamente, lo vimos junto al fogón. Ryp no intentó resistir; se rindió y dijo que conseguirÃa la sumisión inmediata de sus paisanos.