Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —No, no; puede usted estar tranquilo. DÃgale usted que es de parte de su familia. Será para usted y para ella una sorpresa agradable.
Tomé el sobre, vacilante. Él siguió mirándolo todo con atención. Luego me dijo:
—¿Está su madre de usted?
—SÃ.
—Quisiera saludarla.
—Bueno, pase usted.
Entramos en el cuarto de mi madre que, al ver a MachÃn, quedó sorprendida no se por qué: MachÃn estuvo con ella muy amable. Hablaron los dos largo rato. Yo estaba inquieto con aquella visita incomprensible.
—¿Qué cambio es éste? —me preguntaba.
Al salir MachÃn, me dijo:
—Quiero marcharme de Lúzaro. Probablemente ya no nos volveremos a ver. ¿Me guarda usted rencor?
—No, nunca, a pesar de que creo que tengo motivos.
—Entonces, ¡adiós!
Me tendió la mano, yo alargué la mÃa y me la estrechó con fuerza.
Al volver encontré a mi madre un poco excitada.
—¿Qué te pasaba? —la dije.
—Nada, que al verle entrar he creÃdo que venÃa mi hermano Juan.
—¿Eh?