Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia El médico empezó así:
—Hace ya más de cuarenta años acababa yo de venir de Régil[258], en donde estuve dos años de médico.
En aquella época Lúzaro no era como ahora; había cuatro o cinco familias que mandaban, y, entre ellas, la de Aguirre y la de Andonaegui[259] eran de las más principales e influyentes.
Siendo médico aquí, había que estar bien con ellas, so pena de perecer y no tener una visita.
Yo iba con mucha frecuencia a casa de tu abuela, que por entonces se había quedado viuda.
Tu abuela tenía en casa una muchacha, que era ahijada suya, y a quien llamábamos la Shele[260]. Yo bromeaba mucho con ella cuando iba a tomar café a Aguirreche.
—¿Qué hay, Shele? —la decía.
—Nada, señor médico.
—¿Cuándo piensas casarte?
—Cuando me quieran —contestaba ella con gracia.
—¿No tienes novio todavía?
—No.
—¿Pues en qué estás pensando?