Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —Bueno, la tierra ésa será para vosotros.
La conversación continuó asÃ, con un lujo de detalles de esa avaricia campesina tan repugnante, y cuando llegaron a un arreglo definitivo, doña Celestina gritó a sus hijas:
—¡Qué venga la Shele!
Vino la Shele, pálida, con los ojos bajos y las ojeras moradas.
—Hemos quedado de acuerdo en que te casarás con este joven.
—Bueno, señora —contestó ella, con una voz débil como un sollozo.
—¿No dices nada?
—Nada, señora.
Bueno, ya lo sabes. Dentro de unos dÃas será la boda.
—Está bien, señora.
MachÃn, el joven, sonrió, queriendo echárselas de malicioso, y el viejo siguió dando vueltas en su cabeza al pensamiento de si podÃa sacar alguna cosa más de la señora de Aguirre.
Ésa es la moral tradicional de las gentes ricas. Se destroza una vida, se deja a un hijo sin padre, se lleva la desolación a una familia. Y se dice se ha salvado la honra de una casa; se ha salvado la sociedad.
