Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia EL FINAL DE LA SHELE
Siempre que pensaba en la Shele —siguió diciendo el médico viejo—, tenÃa el presentimiento, muy lógico en el fondo, de que habÃa de acabar mal. Hubiera quedado muy sorprendido si en el transcurso de los años hubiese sabido que la Shele vivÃa tranquila y feliz con su marido.
Cuatro o cinco meses después de esta escena que te he contado de los preliminares de la boda, me llamaron del caserÃo de MachÃn. La Shele habÃa tenido un hijo fuerte, robusto, pero ella estaba enferma.
La encontré, la primera vez que fui a visitarla, muy quebrantada y con un principio de fiebre.
Pasó un dÃa y otro dÃa. La pobrecita no mejoraba. Cualquier cosa, la menor palabra, la hacÃa llorar.
Doña Celestina me llamó reservadamente.
—¿Qué le pasa a la Shele? —me dijo.
—Que está mal.
—¿Pero no mejora?
—No.
—¿Qué tiene?
—Tiene un estado de excitación continua, y creo que padece una lesión cardÃaca, que el embarazo y los disgustos han exacerbado.
Doña Celestina se inmutó porque, aunque mujer orgullosa, tenÃa buenos sentimientos.
