Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —Hombre, eso está bien. Le deben hacer a usted de la facultad.
—¡Qué quiere usted! No le reconocen a uno sus méritos.
—Ahora empieza mi trabajo —dijo la Pepa, que se presentó de nuevo en el comedor y empezó a recoger lo que habÃa encima de la mesa.
—Bueno; me marcho —indicó Latorre.
—TodavÃa puede usted estar aquà un rato, hasta que me vaya abajo. Aquà no hay horas.
—¿Por qué?
—Porque lo mismo empieza la zambra a las ocho de la noche que a las tres de la mañana.
—Mala vida, señora Pepa.
—¡Psch! Más cornadas da el hambre, que dijo el otro. Aquà hay temporadas que no dormimos. ¿Sabe usted que doña Pili, la vecina que siempre estaba fisgando nuestra casa desde el mirador, se murió?
—No, no lo sabÃa.
—Pues sÃ, se murió. La que también ha tenido un final tan malo como el mÃo ha sido la señora Lola, la dueña del almacén de vinos y de la taberna de enfrente.
—¿S� ¿Qué le ha pasado?