Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —¡Qué pasa! Que no te ocupas de tus amigos. No sabemos si te habremos ofendido en algo. Si es asÃ, dilo.
—Hombre, tú ya sabes que estoy trabajando como una bestia y que no tengo tiempo para nada; ya sabes también que me quedé viudo.
—SÃ, hombre, sÃ; ya lo sé. Y tus chicas ¿están buenas?
—SÃ, muy bien.
—¡Qué chicas más simpáticas! Van a ser preciosas. No me vengas con modestias de papá, Dorronsoro. Esas chicas son una monada. Por cierto, en la casa donde vivo está la mujer de un diplomático, y le cuento cómo es tu familia y cómo trabajas tú, y quisiera conocerte.
—Ya veré si voy alguna vez.
—Pues mira: hay una ocasión. ¿Tú conoces al doctor Morán?
—No.
—Pues es un gran tipo. ¿No fuiste alguna vez a la casa de huéspedes de la calle de la Abada donde yo vivÃa de estudiante?
—SÃ, creo que sÃ.
—¿Y no le conociste allá a Morán?
—No recuerdo.