Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval Con estas frases más o menos ingeniosas y la lectura de novelas francesas se iba formando el espíritu de Manuel Golfín.
El primer sainete suyo que se representó en el teatro Romea tuvo mucho éxito; el segundo ya alcanzó menos éxito, y se dijo que el autor se copiaba a sí mismo.
El padre, don Federico, aseguraba a su tierno vástago que en la literatura no había porvenir, y le recitaba una poesía cómica que terminaba diciendo:
Siempre conduce Pegaso
los genios al hospital.
Con la primera obrita de teatro, Manolo Golfín ganó bastante dinero; pero con la segunda, muy poco, y con las demás, también poco. Se había acostumbrado a una vida fácil, de disipación, a pesar de que era un tanto roñoso. Hizo deudas, se mezcló en asuntos de empresas de teatros y de cinematógrafos, estuvo un año en Barcelona y volvió a Madrid, donde comenzó a escribir en un periódico de la noche. Se le tenía por peligroso, porque dejaba, como la avispa, el aguijón en la herida y, como el cínife, producía la desazón y la fiebre.
Golfín era muy versátil: cambiaba de gustos y de trabajo con mucha facilidad. Sostenía amistades con republicanos y revolucionarios, y a la mayoría los tuteaba. Se le consideraba como chico de gran porvenir.