Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval Los revolucionarios recurrieron a hojas anónimas. En una de estas se hablaba de Poncio, perro mordedor. Este perro, cuando era independiente, ladraba y mordÃa al que pasaba delante de él; pero cuando le ponÃan la cadena y le daban de comer, entonces ladraba a los demás chuchos y querÃa sujetarlos. Se le dijo que creÃa haber inventado el orden como sainetero. Se utilizaron sus mismas frases para atacarle.
GolfÃn estaba dispuesto a seguir la pelea cuando el ministro de la Gobernación le llamó a Madrid, le recibió en su despacho con cara de perro y le dijo que se estaba extralimitando y que no tenÃa más remedio que soltar a los presos, sobre todo a los socialistas, y tratarles con el máximum de consideraciones, porque en el fondo eran los que mandaban.
«Está bien —contestó GolfÃn—. Entonces presento la dimisión del cargo.»
El ministro la aceptó frÃamente.
La vuelta a la ciudad era difÃcil para el gobernador cesante, y cuantos más dÃas tardara en hacerlo, peor.
El dimitido dio largas al asunto, mandó recoger sus trastos y un par de semanas después supo que la heredera rica se decidÃa por su antiguo adorador y que iba a casarse con él.