Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval Él era un señorito madrileño de edad provecta, flaco, chupado, moreno, con bigote pequeño y el pelo gris.
—¡Qué pareja de enamorados! —dije yo una vez que los vimos.
—Sí; son unos pobres vejestorios —repuso Magraner.
—Él es un verdadero silbante, como se decía en Madrid hace años, y ella es una momia.
—Yo he pintado un cuadro en donde aparecen los dos —indicó el pintor.
—¡Hombre, qué extraño! ¿Es que los conoce usted?
—No.
—¿Pues entonces?