Locuras de Carnaval

Locuras de Carnaval

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Mira tú, che —le dijo el pintor—: vete a jugar un rato fuera, que tengo que hablar con este señor.

Vestía el artista valenciano una blusa o guardapolvo gris, lleno de manchas, que hacía destacar su vientre, y fumaba una pipa corta. Parecía un vendedor ambulante.

Estaba con la paleta en la mano pintando uno de sus cuadritos que él llamaba cromos indecentes con un pincel muy pequeño, como si hiciera una miniatura.

—¿Qué le parece a usted? —me preguntó señalándome su cuadro.

—Está bien. Tiene lo que necesita.

—Es una pintura para cocineras; pero es la única que se paga, y yo no puedo hacer otra, al menos por el momento. Le voy a enseñar lo que hacía antes: mi colección de cementerios; porque tuve una época que no pintaba más que cementerios.

El pintor me dejó arrimados a una silla siete u ocho lienzos con paisajes de camposantos de Madrid y de pueblos de alrededor y él siguió con su obra.

—Veo que es usted de la escuela de aquel pintor catalán Modesto Urgell, que hizo un cuadro de un cementerio titulándolo con una frase de Bécquer: «¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!» —le dije.

—Sí; vi el cuadro de chico. No estaba mal.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker