Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —Le podÃan llamar a usted el pintor de los cementerios.
—SÃ, es verdad. Yo creo que esta manÃa de los camposantos fue para mÃ, hace años, algo como la viruela o el sarampión.
—No; ¿por qué? Un cementerio es un jardÃn bonito, melancólico, lleno de poesÃa…; pero ¿y el cuadro con la pareja que vemos en la Moncloa? Aquà no está.
—No. Ese es más grande. Ahora se lo enseñaré.
Después de decir esto dejó los pinceles, cogió un bastidor que estaba de espaldas a la luz y le dio la vuelta; luego le quitó el polvo.
—Ahà lo tiene usted.
El cuadro era curioso. HabÃa exagerado aquà Magraner el carácter impresionista de su pintura. Los colores estaban puestos sobre el lienzo casi puros, sin mezcla y muy divididos, con un conocimiento cientÃfico de los complementarios.
Los cipreses de mucho bulto aparecÃan iluminados por un sol amarillo de otoño.
El aire del cuadro tenÃa vibración. Este efecto estaba, sin duda, producido por las pinceladas puntillistas blancas, azules y verdes.