Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval El sepulcro era tan cómico como todo lo demás. Sobre unos almohadones, reclinada en una actitud lánguida, semiyacente, se veÃa la figura de un militar con bigote y perilla, con el uniforme entallado lleno de cruces. En la inscripción funeraria se leÃa: «El teniente general excelentÃsimo señor don Juan Fernández de Herrera y Suárez de Mendoza.»
—¿DecÃa asà en la sepultura? —pregunté al pintor.
—No sé si lo decÃa. Yo lo puse porque era también un nombre rimbombante.
El cuadro se llamaba El respeto a la muerte.
—¿Qué le parece a usted? —me preguntó el pintor.
—Me parece muy bien.
—¿De verdad?
—SÃ.
—Pues lo pinté de memoria.
—¡Bah!, y eso ¿qué importa?
—¿Usted cree que no?
—Naturalmente que no.
—Cada cual tiene su opinión.
—El tÃtulo es lo que me parece que sobra.
—¿Por qué?