Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —No parece que tenga gran cosa. Un estado gástrico, un poco de fiebre. Eso pasará pronto.
La fiebre pasó, pero el estado de abatimiento de Luis seguÃa siendo el mismo.
—Aquà hay algo que no es enfermedad —advirtió doña Isabel al médico.
—¿No será cosa de mujeres?
—Me temo que sea algo peor.
—Yo le sonsacaré —indicó el médico, que se tenÃa por hombre agudo e insinuante.
A las preguntas de este, Luis, que tenÃa el hábito de la mentira, contó fantasÃas, embustes, y no dijo nada en concreto.
Doña Isabel, que no era muy inteligente, pero sà muy enérgica, decidió abordar la cuestión y averiguar la verdad.
«Aquà vamos a hablar claro —dijo a Luis de sopetón—. ¿De dónde tienes tú el dinero que gastas? ¿Quiénes son tus amigos? ¿Qué es ese cÃrculo de mala fama adonde vas?»
Luis, al verse descubierto, se echó a llorar. Confesó que entre algunos amigos habÃan fundado un cÃrculo en un piso de la calle del Clavel; uno de los socios les habÃa prestado dinero y, embrollando después las cuentas, les exigÃa grandes cantidades. Esta era la causa de sus preocupaciones.