Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval A los tres o cuatro años de esta vida, doña Isabel comenzó a sospechar que la existencia de su hijo menor era un poco insólita. Le hablaban de él, diciéndole que tenía amistades sospechosas, que pertenecía a un círculo de mala fama de la calle del Clavel y que había acudido a un baile de máscaras muy escandaloso.
Entonces comenzó a darse cuenta de la estupidez de sus presunciones antiguas respecto a Luis. ¿Cómo era posible que pudiese llevar la vida que llevaba? Tenía un sastre muy caro, iba a butaca al Real, tomaba palco en los demás teatros. Con un sueldo pequeño esto era materialmente imposible.
¿Viviría de la protección de alguna mujer? No había duda de que si él no ganaba el dinero que gastaba, alguien se lo tenía que dar.
Doña Isabel se dedicó a observar a su hijo, a registrarle los bolsillos, a leer sus cartas y sus papeles. Una vez le encontró en la cartera más de mil pesetas.
«¿Qué hace este chico? ¿De dónde puede tener tanto dinero? ¿Jugará?», se preguntó la madre.
Durante todo aquel año Luis anduvo preocupado y un poco cabizbajo; la inquietud aumentó en él y, al último, cayó enfermo.
Le llamaron al médico.
—¿Qué tiene este muchacho? —le preguntó doña Isabel después del examen del enfermo.