Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval La muchacha de la casa entró en el cuarto diciendo que la madre de MarÃa Luz preguntaba por esta. Ella, antes de salir, besó a doña Isabel y estrechó entre los brazos a su novio.
—Es inútil insistir —murmuró Enrique—; no hay arreglo posible.
—¿Qué hacemos? —preguntó su madre.
—Creo que lo mejor es que, ya que me quieren trasladar, acepte el traslado y nos vayamos a vivir a otro pueblo.
Unas semanas después Enrique fue ascendido y enviado a Sevilla. Su madre y él levantaron la casa, vendieron los muebles que les sobraban y se marcharon.
La madre de MarÃa Luz comenzó los preparativos de boda, y en casa de don Pedro Pizarro entraron los albañiles y carpinteros y modernizaron las habitaciones.
Seguramente MarÃa Luz soñó en que alguna eventualidad inesperada le arrancarÃa de su triste destino; pero la eventualidad no llegó.
Se verificó el matrimonio con gran ceremonia.
Don Pedro Pizarro, el exministro, era viudo, enfermo y rico. TenÃa aire cardÃaco y bolsas moradas debajo de los ojos. HabÃa tenido una juventud borrascosa, y a la vejez le habÃa entrado el miedo a la muerte.
Aquel hombre egoÃsta y trapacero consiguió tener en su segunda mujer una enfermera y un ama de llaves ideal.