Locuras de Carnaval

Locuras de Carnaval

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El exministro llegó a vivir cerca de veinte años cuidándose con una atención meticulosa.

Veinte años mortales pasó María Luz atendiendo a su marido.

Todo su consuelo era la lectura, la música, el cantar las viejas romanzas de La Favorita, de Lucía y de La Traviata y el ir a la iglesia. En los primeros años del matrimonio tuvo poca sociedad; luego fue recibiendo amigos y amigas que iban a visitarla.

En aquel lapso de tiempo murieron sus padres. Su hermano Carlos dejó que una de sus hijas, de doce años, Emilia, fuera a vivir con María Luz.

El sentido maternal de esta se reconcentró en su sobrina, y su romanticismo, en las romanzas de ópera italiana.

María Luz tenía un aire un poco de monja: la tez pálida, la mirada triste; pero había en ella un gran atractivo melancólico.

Su sobrina Emilia, que era como un gatito, le decía muchas veces:

—¡Qué guapa estás, tía!

—Sí, mucho.

—De verdad, de verdad. Estás muy guapa.

Efectivamente, tenía aspecto aristocrático y elegante, aunque un poco ajado.


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