Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval «¡Toma, Recalde!» se dijo.
El hombre no le conoció; siguió su camino. Ochoa le gritó:
—¡Eh, Recalde!
El hombre se detuvo y contempló a Ochoa.
—¿Eres tú, Luisito?
—El mismo. ¿Qué haces? ¿Vives aqu�
—SÃ. ¿Vas al centro?
—SÃ.
—Pues voy contigo. Voy a acompañarte; pero antes tengo que hacerte una advertencia, exponerte una cuestión previa, como dicen los polÃticos.
—Hazla o exponla.
—La advertencia es que estoy en una época difÃcil. No voy a pedirte dinero, pero sà a explicarte mi situación y a ver si a ti se te ocurre algo para remediarla. Si no te hace gracia la consulta, aquà nos despedimos —y Recalde alargó la mano a Ochoa.
—Yo no te he dicho todavÃa nada en contra. Asà que puedes hablar.
Recalde tomó la palabra. Era hombre de más de treinta años, de buen aspecto, a pesar del traje raÃdo.
Ochoa le conocÃa de chico; habÃa sido su amigo y un poco su admirador.