Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval El capitán Cardigan volvía a Inglaterra a curarse y a recoger la herencia de su padre, un lord muerto hacía unos meses.
Su mujer, Leticia, a quien llamaban Letty, era una mujer excepcional por lo seductora. Había viajado mucho y tenía una conversación variada y amena.
En la tertulia de la duquesa italiana, Leticia produjo entusiasmo.
Ochoa se vio favorecido por ella, que parecía buscarle y tenía una inclinación marcada a hablar con él.
Luis llegó a preocuparse. Se sentía tan atraído por ella, tan fascinado, que iba perdiendo la prudencia.
No suponía cuáles podían ser los planes de aquella mujer respecto a él. Él sí estaba dispuesto a seguirla adonde fuera, a vivir por ella y para ella.
Con motivo de la posibilidad de ir a España con su marido para ver si se curaba de la fiebre, Leticia escribió a Ochoa, y este le contestó. Así comenzó su correspondencia.
Luis vivía un tanto trastornado.
Una tarde volvía a pie por la Avenida de los Campos Elíseos a su casa pensando, absorto, en aquella mujer, que presentía que iba a influir en su vida, cuando se encontró con la mirada de un hombre a quien conocía de chico.