Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval Luis llevó en automóvil, a pasear al Bosque de Bolonia, a damas desconocidas y elegantes; tomó distintas clases de cocktails en el bar de Baco o en el bar de Afrodita, escuchó sin pestañear poemas dadaístas, futuristas o unanimistas y encontró muy interesantes las obras del cubismo.
Cuando se le pasó la curiosidad y el entusiasmo por la vida parisiense y por el esnobismo y fue retirándose un tanto de teatros y de fiestas, le quedó la costumbre de ir casi todos los días de visita al hotel de una duquesa italiana de la familia de los Borghese, casada con un aristócrata francés.
La duquesa era una mujer amable, simpática, y le trataba muy bien. A su tertulia, escogida, poco turbulenta y de buen tono, no llegaba el ambiente tumultuoso del bulevar y mucho menos la influencia de los cafés y de los talleres de pintores.
El palacio de esta señora estaba en una avenida próxima a la plaza de la Estrella. Luisito se acostumbró a ir todos los días, al anochecer, a charlar allí.
En una de estas tardes, Luis fue presentado a un matrimonio inglés que venía de la India. Él era un militar enfermo de fiebres, tipo un poco sombrío, muy elegante y aristocrático; ella era una verdadera belleza, una mujer alta, esbelta, de pelo negro, con un color sonrosado precioso.