Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval Ella entonces le puso las manos en los hombros y le besó en los labios. Inmediatamente huyó.
Ochoa, con el corazón oprimido, entró de nuevo en su cuarto y esperó en la ventana el amanecer.
El cielo estaba anubarrado y sombrío.
Tuvo de pronto el presentimiento de que aquel viaje iba a ser fatal para él. Imaginó que su madre le hablaba y le decía: «Por Dios, no vayas con esa mujer.»
Durante un instante se sintió asustado. Creyó que debía escaparse cobardemente. Fue a la puerta, la abrió con decisión. «No, no —se dijo—. Es imposible.»
Y quedó sin voluntad, anonadado.