Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval Cardigan, con cierta indiferencia por las damas, hablaba con un aire seco y desdeñoso. Después de la comida, él, el escritor, el polÃtico, otros dos señores y Recalde pasaron a un salón próximo a tomar unas copas y a fumar una pipa.
Cardigan llamaba a Recalde mi querido amigo; habÃa simpatizado con él.
Entre los licores y el humo del tabaco se habló de todo: el militar, de la India; el polÃtico, de las consecuencias de la guerra; Recalde, de España, y el escritor, de los judÃos y del psicoanálisis, cuestión entonces muy en boga.
«Los judÃos han contribuido a emporcarnos la vida —dijo el escritor—. Antes creÃamos que cuando se miraba con afecto a la madre o se sonreÃa oyendo charlar a un niño, el sentimiento era puro, lo puro que puede serlo en un animal defectuoso como el hombre; pero ahora los psicoanalistas nos quieren demostrar que todo ello es de origen turbio y erótico. Yo no lo creo; pero, además de ser inexacto, nos induce a ver al hombre más miserable de lo que es. Estos psicoanalistas, la mayorÃa judÃos, van a ser los catalogadores de la flor y nata de la inmundicia humana.»