Locuras de Carnaval

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Este no acababa de ponerse bueno; tenía manías; decía que no tenía apetito y quería que le hicieran una comida para él solo. Muchas veces comía en el círculo o en algún restaurante.

Estas manías indignaron al padre de Ochoa, que dijo varias veces:

—Esto de Luis es insoportable. No sé por quién nos toma a nosotros. Debe creer que somos sus criados.

—Pero déjale. Si es que está enfermo. Son cosas de enfermo. Ya se le pasará —replicaba la madre.

—¡Sí enfermo! Lo que tiene son caprichos, majaderías.

El cerebro de Luis, que estaba desquiciado, iba dando cabida a una idea, que al principio fue una sospecha y después una convicción fija. Su padre, que estaba instándole a que comiera en su casa, lo que quería era envenenarle y deshacerse de él. Este era el secreto.

No comunicó a nadie tan terrible hallazgo. Los amigos, lo único que notaron es que por entonces hablaba mucho de envenenamientos.


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