Locuras de Carnaval

Locuras de Carnaval

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Luis se acostó y no pudo dormir. De pronto se levantó. En el cuarto olía a almendras amargas —el olor del ácido prúsico— de una manera fuerte.

«Ese viejo canalla está echando vapores de veneno por debajo de la puerta.»

Esto le produjo una cólera violenta y terrible. Paseó por su cuarto a un lado y a otro y salió a un ancho corredor.

Se acercó a la habitación de su padre y vio que había luz a través de la puerta.

«El viejo asesino está preparando algún otro crimen», dijo.

Volvió a su cuarto y, furioso, pegó una patada a una silla y la hizo pedazos. Cogió uno de los palos, salió al corredor y entró en la alcoba de su padre.

«Pero ¿qué pasa? ¿Qué es esto?», gritó el padre, que se había despertado, con voz irritada.

Luis, con el palo de la silla y con una fuerza enorme, dio con él varios golpes en la cabeza de su padre hasta que lo dejó muerto.

Con el alboroto se despertó toda la casa.

Luis, después de aquel esfuerzo, se quedó anonadado y tranquilo.

—Pero ¿qué has hecho? ¡Dios mío! —exclamó la madre sollozando.

—Al envenenador… lo he matado.


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