Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval Entraron en la platea. Isasi, que estaba un poco desencajado, dijo a Dorronsoro.
—Oye, Juanito.
—¿Qué quieres?
—Ahora…, un latigazo de coñac…; ¿eh…, querido? ¿no?…, y nos vamos a casa.
—Bueno.
Isasi le echó el licor en un vaso ordinario hasta la mitad.
—¡Por Dios, no beba usted todo eso! —le dijo Elena a Juan.
—Si es un tónico —tartamudeó Isasi—. Yo siempre… prudente… ¿Eh?… Beber un poco…, sí…, pero con prudencia.
Dorronsoro bebió, e Isasi también, y este salió por el pasillo haciendo eses. A Juan, al principio, pareció no hacerle mucho efecto la bebida.
Desde la platea vieron a cinco o seis hombres borrachos, agarrados de la mano, que comenzaban a rodear a las mujeres. Tropezaron varias veces con Elvira Medrano, que hablaba con Bermejo, el médico militar. Ella exclamó en voz alta: «¡Qué gente más bestia!».
Dorronsoro se asomó a mirar lo que pasaba, y en aquel momento divisó al mismo tipo de fuina que había visto en el colmado de la calle de Arlaban y a la entrada del teatro. Apareció y desapareció con un fulgor en los ojos.