Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —Luego telefonearé a casa; a las siete ya están levantados.
—¿Tomará usted el desayuno?
—No hay necesidad.
—SÃ, sÃ. Aquà nos levantamos pronto. Usted mande. Yo creo que lo que debÃa usted hacer era ir al cuarto de baño, hacer su tocado, luego tomar el desayuno y, cuando le parezca a usted bien, marcharse. Si usted quiere, yo la acompañaré.
—No, no; ¿para qué?
—Para enmendar un poco la brutalidad mÃa.
—No, no. No ha estado usted bruto…; imprudente nada más.
—Bueno; no vale la pena de discutirlo. La llevaré a usted al cuarto de baño.
Cuando salió Elena de arreglarse y peinarse vio a una niña que estaba con Dorronsoro.
—¿Es la chica de usted? —preguntó.
—SÃ, la mayor, Marta.
—¡Qué bonita!
—Tiene siete años, no crea usted. Y esta noche ha preguntado por su papá, que estaba haciendo de hombre malo en el baile. Aquà se quedan las dos, desayunan y charlan. ¿Tiene usted reloj?
—SÃ.
—Pues cuando usted quiera le dice usted a Marta que la lleve adonde está el teléfono.