Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —SÃ, es posible.
—Yo no tengo tiempo —asegura el marido—. Estoy lleno de trabajo. Ahora mismo, al llegar a Madrid, tengo que ir a mi despacho en seguida.
—Lo que les ocurre a la mayorÃa de los hombres es que no les gusta estar en casa —indica ella con cierto desdén.
—¿Y tú crees que a las mujeres les gusta estar en casa? No se nota mucho.
—A algunas, sÃ. ¿A usted le agradará que le lean las mujeres? —me pregunta la dama.
—SÃ; pero eso me hubiera gustado más hace treinta años.
Ella sonrÃe. Hay un momento de silencio. El marido saca un periódico del bolsillo y se pone a leerlo. La mujer pasa revista a los montes y a los pedregales que hay entre El Escorial y Villalba. Observo a la señora joven disimuladamente. Viste muy bien. Hay en sus movimientos algo de felino. Es una dama. Me da la impresión de que tiene mucha más fuerza orgánica de lo que a primera vista parece. Calculo que llevará medio kilo de ropa; yo creo que llevaré siete u ocho kilos sobre el cuerpo. Este detalle de vestuario lo relaciono con la calorificación y con el metabolismo.
Después de contemplar los árboles y las piedras que se ven desde la ventanilla me dice la nueva compañera de viaje:
