Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval —¿Sabe usted lo que me parecen sus historias?
—¿Qué le parecen?
—Pues se me figura que prepara usted un escenario romántico con sus bastidores y luego cuenta usted un sucedido vulgar y corriente.
—SÃ, es posible.
—¿Y por qué?
—¡Es tan difÃcil contar algo extraordinario!
—No comprendo el motivo.
—Pues hay muchos. No cabe duda que el escritor de hechos trágicos tiene que barajar el crimen, el asesinato, la locura, el odio…
—¿Y por qué no los ha de barajar?
—Porque no tiene el léxico moderno formado; para hacerlo hay que ser un genio como Dostoievski e inventarlo para su uso particular. Nosotros no podemos conocer esos crÃmenes y pasiones por una visión directa, y no podemos tampoco emplear la fraseologÃa antigua para expresarlos. Quite usted al folletinista la posibilidad de caracterizar al traidor amaneradamente con una mirada satánica, de trastornar la razón a una mujer por una desgracia cualquiera y de hacerle exclamar «¡Ja…, ja…, ja…!», y después poner como paréntesis: «Estaba loca», y le quita usted sus más eficaces recursos.
—¿Y por qué no se pueden utilizar esos recursos?
