Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval Don Arturo Fernández Sama, asturiano, soltero, hombre de unos cincuenta años, esbelto, de bigote negro y pelo entrecano, vivía en el segundo piso. Por la mañana y por la tarde bajaba de su casa a la tienda con un guardapolvo gris entallado, sin nada en la cabeza y se dedicaba a cortar los jamones delante del escaparate, lo que hacía con un arte exquisito. Después de cortarlos olía los trozos, pero de una manera tan fina, tan elegante, que daba la impresión al comprador de que aquellos trozos de cerdo no podían oler más que a ambrosía.
El señor Fernández Sama ornamentaba su escaparate con géneros atractivos, como jamones, latas de conserva, embutidos y frutas. En la decoración no había llegado a la altura de otro tendero de la misma calle que formaba un retrato de aire cubista de Alfonso XIII con bacalaos, retrato que parecía muy propio del monarca caído tanto por el dibujo como por los elementos secos que lo constituían.