Los amores tardios
Los amores tardios Su desconfianza y su razón le impulsaban a cortar pronto sus amores; su sentimiento le arrastraba a seguir hasta el desenlace.
Él era hostil a toda actitud falsa e hipócrita. No podía marchar entre convenciones. Por otra parte, su imaginación galopaba y veía siempre el final.
Su espíritu no sabía moverse en un ambiente tan estrecho No era capaz de resistir, ni de dejarse arrastrar. No llegaba a tener un momento de abandono, y esta vigilancia de sí mismo, este espionaje de sus instintos e inclinaciones, le fatigaba.
«Es fácil decir: “Vamos adelante” —se decía a sí mismo, pero ¿adónde? ¿Qué medios tiene uno para salir airoso de una situación como la que se presenta?»
Puestas las cosas así, no podían durar mucho; o tenía que venir un rompimiento o había que ir hasta el fin.